Esa Vocecita

Cuando mis hijos eran pequeños jugaba con ellos un juego dónde ellos cerraban los ojos y tenían que buscar un objeto que yo les había escondido. Mientras ellos buscaban, yo les decía ¨caliente, caliente¨ cuando se acercaban o ¨frio, frio¨ cuando se alejaban.  Seguro que todos lo habeís jugado.
Esto mismo, nos ocurre con nuestros objetivos, nuestros sueños.  ¿Cúantas veces tenemos unos objetivos claros y un día nos damos cuenta que nos hemos descarrilado?  Una mañana te despiertas y te dices, ¨¿Qué estoy haciendo? ¿Qué me ha pasado? ¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado a esto?  Esto no es mi sueño, me he despistado¨.  Nos damos cuenta que nos hemos alejado de lo que queríamos, de nuestro rumbo, cogiendo un camino que no era el nuestro y a veces hasta viviendo el sueño de otro.  Al fin y al cabo, alejándonos de nuestra felicidad. 

Sin embargo, si paramos para escucharnos, nos damos cuenta que todos tenemos una pequeña voz dentro de nosotros que nos dice “caliente, caliente” o “frio, frio”.  Es como una alarma que nos avisa cuando no vamos bien.  De niños la oíamos, al igual que la voz de tu madre jugando el juego, pero con los años le hemos bajado tanto el volumen que ya ni la escuchamos o, en muchos casos, elegimos no escucharla por ¨comodidad¨.

En estos momentos, es cuando tenemos que parar y reevaluar la situación.  Preguntarnos si nos estamos alejando de nuestra misión, de nuestro propósito.  En el día a día es fácil olvidarse de escuchar esa vocecita. Y si te das cuentas que andas por el camino de ¨frio, frio¨, no pasa nada, vuelve a tu camino, siempre recordando que a veces las mejores lecciones las aprendemos en el camino equivocado.

¿Hace mucho que no escuchas tu vocecita?

Os invito a subirle el volumen a tope, escuchar, reevaluar y volver al ……¨caliente, caliente¨.