No es Oro Todo lo que Reluce

En 1974 destinaron a mi padre a San Diego, California, en aquel momento vivíamos en Rota. Era a finales de la época de los Spaghetti Westerns y para dos niñas de 8 y 5 años esta iba a ser la aventura de nuestras vidas. Estábamos super emocionadas con la idea de cruzar los EEUU en coche para llegar a la tierra del viejo oeste, la tierra de la oportunidad y la del oro. Poco nos podíamos imaginar la sorpresa que nos esperaba.

 

El viaje fue inolvidable, bajamos desde Nueva York por la costa este hasta el sur para visitar la familia y después en línea más o menos recta hacia el oeste. Paramos en el Gran Cañón, el Desierto Pintado, una reserva india, vimos búfalos y jugábamos en el coche a adivinar cuantas millas quedaban hasta la siguiente curva en esas rectas interminables por el desierto. Nos imaginábamos que en vez de ir en coche íbamos en un carruaje del viejo oeste.

 

Cuando llegamos a San Diego, al poco tiempo mis padres compraron una casa con un jardín enorme con la idea de que mi madre tuviese su espacio para plantar sus flores y mi padre el suyo para hacer un huerto (razón por la que no me gustan los tomates cherry).

 

Poco tardamos mi hermana y yo en hacer el GRAN descubrimiento. Nada más mis padres empezaron a mover la tierra, descubrimos que había oro. ¡Sí, sí oro! O por lo menos lo que a dos niñas pequeñas les parecía que era oro. Nos entreteníamos durante horas recolectando ese metal valioso en nuestros cubos y viendo quien de las dos tenía más oro.

 

Como vecinos teníamos a una señora mayor con la que mi madre hizo mucha amistad. Y con ella vino su marido que se encargó de comunicarnos a mi hermana y a mi que ese oro que tanto nos ilusionaba en realidad era un mineral llamado pirita (fool´s gold/oro falso) que no tenía valor. Creo que a partir de ese momento las dos le cogimos manía y no llegamos a perdonárselo nunca.

 

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Es curioso, pero con las amistades nos pasa lo mismo. Tenemos personas en nuestras vidas a las que valoramos mucho y pensamos que son nuestros amigos, pero cuando el momento de la verdad llega, nos damos cuenta que al final eran ¨oro falso¨.  Y vaya decepción cuando te das cuenta.

 

A lo largo de mi vida he aprendido una cosa, si la persona parece demasiado buena para ser verdad, es que lo es. Recuerda, ¡no es oro todo lo que reluce ;-))!